Letras y más allá
Adéntrate en mi universo literario, un espacio donde las palabras cobran vida y la creatividad no tiene límites. Aquí encontrarás un reflejo de mi alma, mis pensamientos y mis pasiones, expresados a través de la poesía, el vídeo y la música. Espero que disfrutes de este viaje.

Poesía en cada suspiro
Sumérgete en la belleza de mis versos. Cada poema es una ventana a un sentimiento, una reflexión o una historia. Te invito a explorar mis creaciones y a dejarte llevar por el ritmo de las palabras. Descubre cómo la poesía puede tocar tu corazón.
O AMOR NA BEIRA DO MAR
Cando o mundo escurece
do terco cantil brota o teu nome.
Pel de névoa, verbas do mar,
pétalos de escuma en flor.
Nos ventos inspiro
o ar que exhala o teu ser.
Estrela do mar
estrela da miña luz,
baixo este faro sen voz
espero que o mar nos devolva
a nosa praia encantada.
Estrela do mar
curuxa de ollos inquedos,
arrola o meu corpo quebrado
e dime,
e dime que non te iras.
Brilla,
brilla estrela, brilla,
brilla sobre este abismo de ausencia,
brila, o lume, e o abrasa co fogo
que teixe os soños.
Lume estrela do mar
lume na noite sen adeus,
lume, e deixa que o musgo nos fale do amor,
sobre un manto de ventos e astros
que non deixaremos marchar.

TRANSPARENTES AL TIEMPO
Dime que para siempre,
o dame un simple contigo
hasta el final de lo eterno.
Dímelo con el corazón descalzo,
sobre un lecho de auroras
cabalgando en mi pecho.
Hazte hiedra sobre mi ser,
lleva contigo el conmigo.
Dime que seremos infinitos
transparentes al tiempo,
que la piel nunca será frontera,
que bajo tu sombra siempre guardaras la mía.
Dame el sabor de tu voz quebrada,
arqueando la espalda como espiga de luz.
Dime que en tu sonrisa
dormitarán las almas al caer exhaustas.
El aire sin ti quema, pudre,
tan solo es amargo veneno.
Yo solo sé respirar en tu aliento,
yo solo vivo en tu abrazo.
Dime que para siempre
-aunque termine el poema-
o dame un simple contigo
hasta el final de lo eterno
ABRAZO ENTRE ALMAS
Abrázame,
por favor, abrázame.
No busques heridas
no indagues mi ser,
de mis ojos no esperes respuesta,
quedaron atraás,
allá, donde nacen abismos
y muere el amor.
Acógeme sin preguntas
envuélveme de tu ser,
no quieras extirpar mi dolor,
ni compartirlo,
menos aún, hacerlo tuyo.
No me empujes al diván
ni agites tus labios sin voz,
no hay nada que explicar
no hay nada que entender,
nada que cambiar
nada que no quepa
nada que no sepan;
nada que no pueda sanar
el abrazo entre dos almas.
Abrázame, solo abrázame,
y dejemos que se encuentren
que ya ellas se diran.
Abrázame, por favor,
solo
tan solo abrázame.
EL LUGAR DE TU SOMBRA
Escribo de ti,
para sentirte de nuevo en mis manos.
Soy un poeta, un mago, un chamán,
jugando al azar para ser dios.
Invoco tu nombre en palíndromos,
mezclo mi sangre con tinta,
tallo en el humo inasible
versos para conjurar tu cuerpo.
Pero mis brazos siguen vacíos
y la casa, no es sino un laberinto
de rumores con voz de ayer.
No hay pared que no guarde tu risa,
ni suelo, que no albergue tu sombra.
La cama hiede a marchita
cuando no sudan los cuerpos exactos.
La puerta…
la puerta chirría tu ausencia
engarzada a una estéril espera.
Y a nuestro jardín, sin pecado original,
ya no llegan las primaveras,
no hay brotes, ni pájaros,
no hay albor, ni savia bullendo,
los nidos están vacantes,
la alhucema perdió su canción.
La hierba despierta intranquila,
anhelando rozarte los pies.
Y aunque los vientos hablen tu lengua,
nunca regresan contigo.
No hay chamán,
no hay mago, no hay dios,
solo un poeta dolido que escribe,
para sentirte de nuevo en sus manos
CUANDO CALLE LA NOCHE
La noche callará cuando duermas,
y el latir, de tu pecho sosegado,
será voz en los relojes del tiempo.
La noche callará sus versos
y espumas errantes,
callará los miedos, el frío
la mar entrando y saliendo.
Callarán los abismos, el azote del viento,
la náusea en vacío,
los rayos que ciegan
la garra que acecha,
el vaivén, su dolor y crujir,
y toda,
y toda esta noche callará,
cuando en los sueños
volvamos a encontrarnos,
ajenos a todo mal.
Duerme,
duerme tranquila,
que la mar no nos detendrá,
y la tormenta se hará brisa
de prados azules, y nubes en flor,
mecidas…
en el susurro…
de esta nana ensalitrada.
Duerme, y la noche callará,
callará para ensoñarnos
en un abrazo sin distancias.
Duerme,
que no habrá mayor certeza
que la nuestra.
Tan solo tú,
tan solo yo,
y este deseo, inquebrantable,
de ser y estar en nuestros sueños.
Cuando calle la noche.
LA QUE RUGE A LA LUNA
Ruge a la luna
si piensa en el sol.
Ruge,
como quien despierta
sobre un eco sin voz.
Ruge, danza de puntillas
en un rastro de sangre
sobre altares vacíos,
con una mueca en el aire
entre vértigo y destino,
entre plegaria y espinas,
como si el alma recordara
de alguna forma impropia,
todo lo que el cuerpo nos negó.
Ruge, danza y ama,
como se ama lo que no vuelve:
susurrando entre los dientes,
-a cada envite del cuerpo-
los nombres perdidos del agua,
como se lame una herida enquistada,
cuando el aire pronuncia su sombra,
y en las entrañas arde la ausencia.
Forja y espuma
corazón de doble fondo,
que tú fuiste loba
y después estrella,
antes de aprender a llorar.
Piel de relámpago,
vientre de sal, rugiendo,
pero no por hambre,
-dicen tus pobres espejos rotos-,
sino porque solo recuerdas
aquello que nunca llegó.
La que ruge a la luna
cuando piensa en el sol,
lleva en su cuerpo de tinta
el temblor de la tierra antes del trueno,
en su lengua, un cuchillo mellado
y un poema inconcluso,
sobre su pecho los mapas
de todos sus naufragios y derrotas.
Más cuando besa
nunca es para quedarse,
es tan solo para hacerte recordar
quién eres,
cuando te miran de verdad.
Y la piel…
Y la piel
ya no basta para callar.
07:36
Un buen día,
un buen día y sin más,
los relojes comenzarán
a tratarnos de usted.
Marcarán los silencios,
replicarán a deshoras,
desfilarán a otro paso,
como si el tiempo dudase
de su propia existencia.
El café comenzará
a saber del revés.
En los espejos nos recibirá
un ser extraño, difuso y ajeno,
pero familiar,
que tratará de abrazarnos
para escapar de si mismo.
Las paredes exudarán nostalgia,
las escaleras superstición.
Te verás en retratos
donde nunca estuviste,
y que sin embargo recordarás
–nítidamente-
cuando sonreíste a la cámara.
Sí. En la mañana de algún día
descubrirás que tu infancia
se mudó de lugar,
que ya no está en las fotos
ni en la casa, ni en tu memoria,
que ahora tan sólo es:
una grieta en el suelo
por donde pisa cualquiera.
En las aceras, y frente al gentío
comprenderás,
que nunca fueron los cuerpos,
sino sus sombras,
las que movieron los hilos
durante toda la función.
En estaciones de espera,
o en sus vagones de rutina apelmazada,
los rostros se representarán vacíos,
la prisa una condena,
cada libro te leerá a su manera,
y entre letras borrosas
serás huésped inútil
de tu propia voz.
Y un buen día...
Sí, un buen día - y sin más-
a las 07:36,
te cederán el asiento
y tú les dirás que no
que gracias,
que así está bien,
y ellos que sí,
que por favor
que no es molestia…
Aceptarás, a las 07:38.
Verás pasar estaciones
y reflejos difusos en los cristales,
sentirás adormecerte,
en el sutil traqueteo de la memoria.
-Sí, de la memoria,
de esa traición vestida de recuerdo-.
Un buen día y sin más,
en ese tren,
-o sala de espera sin salida-
en ese vagón
que siempre llevó tus nombres,
escucharás de sus asientos vacíos
las voces de rostros vencidos,
exhalando de forma desacompasada,
las mil versiones de sus epílogos
para este poema llamado vida.
Y entonces,
y solo entonces verás.
Y entonces,
y solo entonces comprenderás:
que el trayecto nunca fue tuyo,
que todos llevamos el mismo billete,
con un destino preciso
-tarifa estándar, ningún equipaje-
y una fecha ilegible,
sellada,
que no admite cambios
reembolso
ni devolución.
DONDE ROMPEN LOS SUEÑOS
Un faro no guarda la costa,
solo sueños, recuerdos, promesas…
cada noche combate un abismo,
bajo insigne grito de fuego.
Párpado inmóvil de piedra,
donde el viento recita sus versos
para aquellos, que guarda la tierra,
para aquellos, que abrieron la mar.
Un faro no alumbra las aguas, ¡no!,
alumbra los sueños, la espera, el regreso,
un abrazo, la tierra firme.
Y cuando las olas no lamen,
solo devoran
con lengua de sal y lamento,
golpeando…
incesante…
los muros calcinados por siglos
de espuma y viento,
de huesos, maderas quebradas y,
barcos, que nunca volvieron.
Pero el faro exhausto no cede,
no cae, no suplica, no duerme.
Centinela de lo invisible,
vigía del desasosiego,
voz latente de aquellos:
a los que ya nadie recuerda,
de aquellos…
los que se fueron sin nombre,
y que ya nunca, existirán.

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